Mejor sin prisas

23 septiembre, 2020
Mejor sin prisas

A la hora de buscar pareja nuestra mente puede hacer de las suyas tanto para bien como para mal. No es complicado encontrar a personas que rechazan la posibilidad de tener una relación con otra debido a no tener un hobby en común o porque no les gusta su forma de reír. Nuestro cerebro está preparado para negar directamente ciertas posibilidades cuando hay algo que no encaja con lo que queremos, por muy buenas personas que sean quienes tenemos delante.

Es fácil encontrar, por ejemplo, a una mujer que ha rechazado a un hombre porque sonríe demasiado. Tal vez ese hombre es apuesto, agradable, simpático y servicial con ella, tal vez ese hombre tenga un corazón de oro y quiere tener una relación basada en el respeto y el amor, pero si sonríe demasiado está comprobado que hay mujeres que lo rechazarían al instante. ¿Y por qué? Pues básicamente porque ese gesto simple utilizado en demasía crea recelo en el cerebro al proyectar una imagen de falsedad. Es como si nuestro cerebro pensase algo así como que si sonríe tanto y quiere aparentar ser tan amable algo esconde. Y en esto tiene parte de culpa nuestra sociedad y, por supuesto, el machismo que aún existe.

El miedo incontrolable que toda mujer puede llegar a tener ante ciertas situaciones, producido por las agresiones que vivimos cada día, es el que provoca que esa sonrisa demasiado prolongada nos empiece a extrañar y nos ponga en alerta. Es un mecanismo de defensa y no podemos evitarlo.

Del mismo modo, y ya de forma más personal, cada mujer y hombre tienen ciertas reticencias ante algunas acciones, algunos rasgos de personalidad, tics e incluso ante ciertos discursos aprendidos. Por eso es tan importante conocer bien a alguien antes de iniciar una relación seria, por eso es tan necesario hablar y sentirse, en todos los aspectos, antes de pensar en dar un paso como convivir o incluso casarse o tener hijos.

Los expertos hablan

Hemos tenido la oportunidad de hablar con la Agencia Géminis en Valencia, expertos en relaciones sentimentales, y aseguran que aunque la atracción física es un punto clave en toda relación y si no existe es imposible que pueda llegar a surgir el amor, la base para que una relación funcione es encontrar una personalidad afín a la tuya con intereses similares.

Además, nos cuentan una ocasión en la que apoyaron una cita entre una mujer de 37 años y un hombre de 41. Tenían muchas cosas en común y parecía que podían encajar. En esa primera cita todo fue sobre ruedas, y la pareja quedó para un segundo encuentro en el que, el caballero, decidió hacer creer a su posible nueva pareja que tenían más cosas en común de lo que ella pensaba.

En la primera cita hablaron mucho sobre lo que les gustaba y sobre lo que no, y ella demostró un especial interés en todo lo referente al esoterismo, un tema del que él no tenía conocimiento alguno y que, además, no tenía muy buena opinión. No obstante, decidió buscar en Internet y comprar en la conocida tienda El Árbol de la Vida, dos amuletos en forma de pulsera, uno para él y otro para regalar a la mujer. Cuando le dio el regalo en la segunda cita, le dijo que lo había comprado porque había escuchado con atención todo lo que le había contado ella en la cita anterior y había decidido investigar por su cuenta debido al interés que todo aquello le había suscitado. La chica, encantada, aceptó el regalo y las cita siguieron sucediéndose.

El problema es que él pensó que aquella pequeña mentira podría quedarse en algo anecdótico que no iría más allá pero lo que pasó fue todo lo contrario. Pensando que había encontrado a la horma de su zapato, ella empezó a invitar al hombre a todo tipo de eventos esotéricos y pasaba horas hablando de cosas similares. Si iban a comer, le explicaba lo que había aprendido el día anterior y por supuesto, ambos tenían que seguir más de un ritual, inofensivo eso sí, pero que si no te gusta puede resultar enervante.

La conclusión final de todo aquello fue que la chica acabó con el corazón roto, pues durante los dos meses de relación que tuvieron ella no podía imaginar que toda esa pasión por las experiencias que estaban viviendo juntos era totalmente falsa y, por ende, no esperaba que él rompiese de la noche a la mañana con ella. Por su parte, el hombre aprendió que intentar complacer a una mujer con mentiras no lleva a ninguna parte pero tampoco acabó muy bien parado pues, a pesar de esa mentirijilla, no tenía ninguna intención de hacer daño a nadie y acabó muy deprimido por lo que él mismo habría provocado, sintiéndose culpable durante muchos meses.

La verdad y mostrarse tal y como uno es, es vital si quieres entablar una relación sincera.

Características físicas y de personalidad

Tanto si eres hombre como si eres mujer, es obvio que nos fijamos en ciertas cosas para saber si la persona que tenemos delante puede llegar a interesarnos o no y siempre con una serie de características físicas y de personalidad.

Es ridículo decir que el físico no importa porque aunque es verdad eso de que quien te ve poco agraciado puede ver la belleza en otro y viceversa, si no te entra alguien por el ojo difícilmente empezarás a interesarte en esa persona de un modo romántico.

Los ojos, la estatura, la boca, los dientes, las manos… todo nuestro aspecto puede determinar que seamos el tipo de persona que puede gustarle a alguien, o no. Pero como he dicho, tampoco hay que obsesionarse porque lo que no le gusta a uno, le gustará a otro con total seguridad. La clave es conseguir que ese interés sea recíproco.

Si pasamos esa primera prueba que puede descartarnos o no de inmediato, nuestro cerebro pasa inmediatamente después a analizar las características psicológicas o de personalidad de la persona que nos despierta ese interés.

Antes de conocernos realmente, lo que buscamos es que tenga ciertas características generales que pueden gustarnos como, por ejemplo, que sea alegre, o serio por el contrario, que sea respetuoso o quizás que sea algo más lanzado, que sea conversador o tal vez que prefiera escuchar. Cada persona tiene sus preferencias y si da la casualidad de que las encontramos en alguien que nos parece atractivo/a ese interés seguirá en aumento.

¿Pero en qué nos fijamos después? Pues ahora llega el momento del conocimiento. Nuestro cerebro ya sabe que le gusta alguien físicamente y que además tiene una personalidad atrayente para ti, pero aún desconocemos verdaderamente cómo es y qué gustos tiene, por eso lo que nos interesa ahora es saber qué aficiones tiene por ejemplo. Es posible que a ti te guste el fútbol y a él no, o que él adore el cine y tu prefieras ver series de televisión en casa, pero podríamos decir que eso son cosas que si la pareja quiere, pueden ser sobrellevadas. Hoy vamos al cine y mañana vemos la serie de televisión, u hoy te acompaño al partido de fútbol de tu equipo preferido pero mañana vamos juntos a ver el partido de balonmano que me gusta a mí. El problema llega cuando esas aficiones son tan distintas que no hay por done aunar criterios.

Una persona urbanita a la que le gusta ir de fiesta en fiesta los fines de semana jamás conectará verdaderamente con una persona a la que le gusta desconectar en sus días libres y disfruta del senderismo, de las barbacoas en el campo con amigos y familia o de las actividades deportivas al aire libre durante el día que la dejan reventada por la noche con ganas de peli, sofá y manta.

Del mismo modo, una persona sociable que no concibe un fin de semana sin quedadas con amigos jamás podrá conectar con una persona cuya preferencia es siempre buscar las reuniones íntimas, en familia o incluso en soledad con su pareja.

Si a alguien le gusta salir de fiesta todos los fines de semana, puede que también disfrute de la intimidad de quedarse en casa relajada de  vez en cuando, pero no como una tónica recurrente y al contrario ocurrirá lo mismo, si alguien prefiere quedarse en casa disfrutando de su tiempo libre ya sea en pareja o con los amigos más íntimos puede pasarlo bomba de vez en cuando en un pub con la música a todo volumen, pero no será su nuevo hobby de fin de semana.

De ahí que conocer a quien tenemos delante sea de vital importancia para decidir si queremos seguir adelante o no con una relación.

No obstante, el amor no es tan cuadriculado. Cuando conocemos a alguien nuevo no empezamos a enumerar mentalmente todo aquello en los que nos queremos fijas sino que las cosas van surgiendo poco a poco y con el tiempo, de ahí que el mejor consejo de todos siempre sea ir despacio, sin prisas y con buena letra.