Durante muchos años, el mercado laboral no ha sido justo. Y podemos decir que no lo es ahora ni lo va a ser a corto plazo porque ya sabemos que hay gente que cobra mucho menos de lo que debería. Por desgracia, muchas personas se tienen que conformar con menos de lo que les correspondería y no cabe la menor duda de que eso ocasiona desigualdades que luego son responsables de otras de las cosas que suceden en nuestra sociedad y que no son justas. En el artículo que acabáis de empezar a leer, vamos a analizar esa situación desde el prisma de uno de los grupos poblacionales que más tiene que sufrir esto: el que componen las mujeres.
Como seguro que sabéis, las mujeres han sido muy maltratadas por la sociedad y sobre todo por la economía. Hasta hace bien poco, ellas no podían trabajar en España, teniendo que depender económicamente del hombre con el que se casaran. Estaremos de acuerdo en afirmar que la cosa no solo se quedaría ahí, sino que también habría que considerar el hecho de que muchas de ellas no han podido ni abrir una cuenta bancaria, ni divorciarse, ni hacer nada por su cuenta. Es el colmo de la injusticia y deberíamos saber que hemos estado así durante un montón de tiempo tanto en España como en otros lados del mundo. De hecho, en muchos sitios todavía continúa siendo así.
En el terreno del trabajo, la verdad es que no ha sido fácil hacer posible que las cosas mejoren. Cuando las mujeres se han ido incorporando al mercado laboral, se han encontrado con otros problemas. Por poner un ejemplo, el del sueldo. Por la misma actividad, no han cobrado lo mismo que un hombre ni mucho menos. Ellos siempre han llevado las de ganar en este sentido. Y lo cierto es que así ha sido. Por desgracia, el de las empresas ha sido un mundo de hombres y en cierta medida lo sigue siendo. No es justo ni lo será nunca. Pero hay mecanismos que pueden hacer que las cosas se vayan transformando, aunque sea poco a poco.
En una información publicada en el diario La Razón, se decía que la brecha de género se estaba reduciendo en España, pero que todavía quedan 37 años para cerrarla. Son muchos años, demasiados. Pero por lo menos existe una solución y tiene que ver con una concienciación social que ponga a las mujeres en el sitio que se merecen, que no es otro que al lado de los hombres. Porque no debe existir ningún motivo para discriminar a una persona por razón de sexo. Antes, cuando se hablaba de esto, no se tomaba en serio a quien sacaba el tema. Pero ahora las cosas están empezando a cambiar y, si bien no se han resuelto por completo, hay que decir que hay motivos para tener esperanza.
Lo que más nos fastidia de todo es que se suele catalogar a la mujer como el sexo débil, entre otras cosas porque dicen que suele tener más problemas derivados de salud mental, como la depresión. ¿Cómo demonios no iba a tener una mujer depresión si su opinión en casa no era tenida en cuenta, si no podía acceder a la universidad y no podía trabajar para ser independiente desde el punto de vista económico? Lo raro hubiese sido que una mujer así estuviera en perfectas condiciones en lo que respecta al plano psicológico. De hecho, esto no hubiese sido una buena noticia porque, en caso de encontrarse cómodas con esa situación, las mujeres jamás habrían empezado a movilizarse y a organizarse para cambiar las cosas y obtener los derechos que siempre deberían haber sido suyos.
La llegada de la democracia a España ha tenido buenas noticias en este sentido para el país. Poco a poco, se ha empezado a tener más en cuenta a la mujer para todo y se le han concedido derechos que tradicionalmente se le habían negado. En el mercado laboral, ellas ya tienen un espacio importante, aunque reconocemos que tiene que seguir mejorando de cara al futuro porque se sigue cobrando menos y se sigue teniendo más dificultades para acceder a determinados puestos de trabajo. De hecho, y según una noticia que vio la luz en la página web del diario El País, las mujeres solo ocupan el 34’5% de los puestos de los consejos de administración en las cotizadas.
La sociedad ha necesitado abordar el problema de la brecha de género desde varios puntos de vista. Por una parte, se ha hecho una campaña de concienciación en medios de comunicación que ha sido constante en los últimos años. Por otro lado, la labor de profesores y profesoras en las aulas ha sido fundamental para que las nuevas generaciones crezcan con otro tipo de pensamientos en la mente. Y, finalmente, también se ha apostado por incluir leyes que obligan a las empresas a estar mucho más pendientes de reducir la brecha de género de lo que estaban antes. Esto ha sido determinante y está funcionando muy bien, aunque es evidente que quedan puntos que todavía están por pulir.
La elaboración de un Plan de Igualdad en las empresas es algo que, como apuntan desde Talention, una consultoría líder en igualdad que además ofrece formación online en este asunto, resulta obligatorio para entidades de más de 50 trabajadores y trabajadoras. En una sociedad en la que previamente no existía ninguna experiencia previa en este sentido, es necesario que exista una figura o serie de figuras que se encarguen de ir introduciendo el tema y convirtiendo esta sociedad en algo más justo, más equitativo y mucho más acorde a lo que entendemos que es justo. Muchas empresas han conseguido de ese modo que su realidad sea una realidad en la que haya más espacio para las mujeres y en la que ellas sean capaces de desarrollar su talento.
Es hora de recuperar el tiempo perdido
Construir un futuro en el que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde es urgente y muchas personas trabajan por ello día a día. No es fácil tener que luchar contra una situación que el sistema ha mantenido durante una barbaridad de tiempo y que ha estado manteniendo a las mujeres en el fondo de la sociedad, como si fueran ciudadanas de segunda. Es una situación que provoca angustia y que tiene que cambiar. Lo está haciendo, como estamos diciendo, pero debe existir una mayor rapidez con esto para que nadie tenga que pasar por situaciones en las que se vea discriminada.
Lo que hay que conseguir es recuperar el tiempo perdido y que las mujeres accedan cuanto más rápido mejor a los puestos de responsabilidad en las empresas, que eliminen la brecha salarial que todavía hoy existe en cuanto a géneros y que su opinión empiece a contar de verdad. Todo lo que no se ha tenido en cuenta a las mujeres a lo largo de la Historia tiene que voltearse. Debemos tenerlo en cuenta más que nunca para que ellas empiecen a ocupar su lugar en la Historia, el lugar que de verdad les corresponde y el que les ha sido arrebatado de manera injusta.
Hay que tener en cuenta también otro tipo de discriminaciones en las empresas
Lo que hemos hablado en relación a la discriminación que han sufrido las mujeres es algo que no puede hacer que nos olvidemos de las demás discriminaciones que existen en el plano laboral e incluso en el social y el económico. Porque, por desgracia, también en ese plano tenemos que padecer ese tipo de situaciones. Las personas que forman parte del colectivo lgtbi son uno de los ejemplos que mejor definen a lo que nos queremos referir. Muchas de ellas tienen que pasar por situaciones como a las que ya nos hemos referido con las mujeres y la verdad es que esto no es para nada justo.
Son muchos frentes los que hay que combatir en el mundo de la empresa y los que generan desigualdades entre las personas que los componen. Ojalá este pudiera ser un espacio en el que tuviéramos todos y todas la posibilidad de crecer con las mismas oportunidades. Sabemos que es muy difícil que eso suceda, pero también sabemos al 100% que, si no soñamos con cambiar las cosas, va a ser totalmente imposible que consigamos un objetivo como el de derrotar a esas desigualdades.
Estamos en el camino. Pero hay que procurar no relajarse a medida que se vayan produciendo mejoras. Hay que exigir más porque la justicia es todavía algo distante en el terreno de la empresa en lo que respecta a los sexos y también a otro tipo de desigualdades. Ojalá que vivamos para poder ver una buena gama de avances más. Sin duda, muchas de las personas que llevamos reclamando esto lo veríamos como un colofón perfecto para nuestra vida y como el ejemplo de que, con conciencia y esfuerzo, es posible cambiar las cosas.







