Un cambio viable

15 junio, 2017
Un cambio viable

No sé por qué se ha creado, de un tiempo a esta parte, un miedo terrible al plástico. Obviamente, el plástico es uno de los materiales que más daño causan a nuestro planeta porque tarda de media unos 450 años en biodegradarse (descomponerse). Y eso en caso de estar al aire porque si hubiera una botella de plástico enterrada puede durar miles de años sin degradarse. Pero, ¿acaso no podemos reutilizar el plástico existente una y otra vez?

Sí, ya sé que todos conocemos el reciclaje, pero es que no me canso de decir que ahí está la clave. ¿Es el plástico un material dañino para nuestro ecosistema? Sí ¿debemos tenerle miedo? No necesariamente. Si reutilizáramos el plástico existente una y otra vez, de manera indefinida, no habría necesidad de crear más. Lo que quiero decir con todo esto es que no tenemos por qué desprendernos de un material del que sacamos provecho si es posible controlarlo, al menos hatsa que consigamos una alternativa viable.

Es como el tema del petróleo ¿me gusta? No, por supuesto que no. Abogo totalmente por las energías no contaminantes y renovables pero ¿es viable un cambio drástico de energía ahora mismo? No, desgraciadamente no lo es, al menos no a nivel global así que ¿es posible una utilización de ese material evitando contaminar nuestro planeta más de lo que sea estrictamente necesario? Por supuesto que sí, pero hay que querer hacerlo.

Sin prisa, pero sin pausa

Plásticos Genil fabrica bolsas de plástico biodegradables con materias primas que provienen de fuentes renovables como el plátano, la yuca, el almidón de la patata o las legumbres por ejemplo. Si el Gobierno prohibiera la creación de bolsas de plástico tradicionales y abogara por el uso de las biodegradables ya habríamos dado un paso de gigante. De este modo, todo el plástico no biodegradable que hay actualmente en circulación podría reutilizarse una y otra vez para crear diferentes envases y piezas necesarias para la vida cotidiana como ocurre con Pérez Linares, una fábrica de botellas de plástico que recicla todo el material que entra por sus puertas.

Sería demasiado idílico pensar que podemos desechar todo lo contaminante y empezar a usar todo lo que no daña el medioambiente. Sería magnífico mandar a tomar viento a la energía nuclear, a las eléctricas tradicionales, al petróleo, al plástico, a los aerosoles nocivos, y a todos esos productos químicos que destrozan nuestro ecosistema pero… ¿es viable? Por ahora, como todos sabemos, no lo es, así que ¿por qué no buscar una alternativa hasta que sí sea viable?

Lo que más rabia me da, es que las hay (alternativas, digo). No podemos cambiar todo el parque de vehículos pero sí podemos prohibir la fabricación de nuevos que funcionen con gasolina, por ejemplo. Así, conforme se vayan descartando los coches antiguos, irán desapareciendo los motores a gasolina. Tampoco podemos apagar de golpe las centrales eléctricas, nos quedaríamos sin energía en todo el planeta, pero sí podemos ir instalando alternativas: placas solares, energía eólica, energía hidráulica, etc. Lo del plástico ya lo hemos hablado, pero hay más materiales similares como el cristal, el papel, las latas e incluso los desechos, que pueden convertirse en abono para campos de cultivo e invernaderos. Pero, como ya he dicho, hay que querer.

Así que dejemos de culpar al material, de tachar de horribles a esas empresas que lo siguen utilizando, dejemos de demonizar a la sociedad que consume energías no renovables porque no es su culpa y tampoco debemos tenerles miedo. El cambio puede venir poco a poco e iniciarlo con la NO CREACIÓN de nuevos materiales no biodegradables. El resto vendrá, poco a poco.